Cementeras, una solución segura y eficaz al problema de los residuos

Cementeras, una solución segura y eficaz al problema de los residuos

Artículo de opinión de Manuel Jiménez, publicado hoy en el Día de Córdoba, con motivo del Día Mundial del Medio Ambiente.

05/06/2015 |

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Nuestra sociedad tiene un serio problema con los residuos. A medida que se incrementa el desarrollo y el consumo per cápita, más crecen los residuos. Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística, España genera 22,3 millones de toneladas de residuos municipales y de ellos, el 21,5% corresponden a Andalucía. Además, según Eurostat, el 60% de los residuos municipales españoles termina en vertedero. Esta cifra nos sitúa junto a países como República Checa, Polonia o Eslovaquia y muy lejos de otros como Alemania, Bélgica, Dinamarca, Holanda o Austria, donde los vertederos prácticamente han desaparecido. ¿Cómo han logrado estos países reducir de forma tan drástica los residuos enviados a vertedero? Las razones son varias pero la fundamental es que no conciben la basura como algo inservible destinado al abandono, sino como un recurso renovable: una fuente de energía que, en el caso de España, se está desperdiciando. ç

Por otra parte, estos países tienen en común haber impuesto tasas y gravámenes disuasorios al vertido. La Comisión Europea publicó un estudio titulado "Use of economic instruments and waste management performances" ("Recursos económicos y gestión de residuos"), en el que se concluye que los países con impuestos más altos para el depósito de residuos son los que obtienen mejores porcentajes de reciclado y compostaje y los que envían menos residuos municipales a vertedero.

Estos países también se caracterizan por utilizar mayoritariamente los hornos de cemento para recuperar energéticamente aquellos residuos que no se han podido reutilizar ni reciclar (como biomasa forestal, neumáticos usados, lodos de depuradora, o combustibles derivados de residuos municipales), lo que se denomina valorización energética. A pesar de lo que algunos se niegan en reconocer, la valorización no es otra cosa que la sustitución de una parte de los combustibles fósiles empleados tradicionalmente en el sector (productos petrolíferos principalmente), por otros combustibles obtenidos de los residuos no peligrosos que ya no se pueden reciclar ni volver a usar. Residuos que irían, por tanto, al vertedero y que se desperdiciaría su alto poder calorífico. En ningún caso las cementeras cambian de actividad. La única razón de ser de una planta de cemento es la producción de ese producto básico de construcción y solo se puede valorizar energéticamente cuando el horno está encendido para producir cemento.

La recuperación energética de residuos es una actividad que se lleva desarrollando desde hace más de 30 años en Europa, Estados Unidos y Japón, siendo precisamente los países más exigentes desde un punto de vista ambiental los más activos en esta práctica. Alemania es un ejemplo claro: más del 50% del poder calorífico de sus hornos de cemento proviene de combustibles derivados de residuos (frente al 23% de nuestro país) y, precisamente, fue durante el gobierno en coalición del partido verde con los socialdemócratas cuando más se impulsó el uso de residuos en fábricas de cemento.

Los aspectos técnicos del proceso de fabricación de cemento (temperaturas de hasta 2000º C, limpieza de los gases a través de la cal, estabilidad de la combustión,…) hacen que las fábricas de cemento sean instalaciones especialmente seguras para emplear residuos como combustible, diferenciándose del funcionamiento de otras plantas de combustión como incineradoras o centrales térmicas.

Estudios científicos independientes ponen de manifiesto que esta práctica supone riesgo cero para el entorno, no modifica las emisiones del proceso, no afecta a la agricultura, ni los cultivos y por supuesto, no tiene consecuencias para las personas. Hablamos de estudios avalados por entidades como la Agencia Británica de Protección de la Salud, el programa de Naciones Unidas para el Medioambiente, Agencias de Medioambiente de Estados Unidos y Alemania, CSIC, o las Universidades de Alicante o Rovira i Virgili de Tarragona, por citar sólo algunos ejemplos.

Para un sector que atraviesa una situación tan crítica (el consumo de cemento ha caído un 80% desde 2007) la búsqueda de soluciones que permitan la eficiencia de esta industria es inexcusable. La valorización supone una pieza clave para aumentar la competitividad de este sector pero es que, además, presta un servicio a la sociedad al gestionar sus residuos de forma eficaz y segura. El sector cementero en Andalucía, que da empleo de manera directa a 650 personas e indirectamente a más de 5.000, necesita aplicar fórmulas para seguir mejorando su eficiencia y la valorización de residuos ha demostrado ser la más sostenible para lograrlo.

Todos estos datos lo demuestran. La valorización es la mejor alternativa. No solo reduciría los espacios destinados a los vertidos, sino que además permite aprovechar al máximo la energía y los minerales, ahorra combustible y disminuye la emisión de partículas (eminentemente C02). Además es una fuente de riqueza y mantenimiento del empleo en la ciudad.

Por tanto, las cementeras no son incineradoras al uso; son una alternativa medioambiental limpia, eficiente, pero sobre todo, segura y sostenible.

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